Dependencia emocional #2 parte

Continuaremos con el articulo que inicio el día de ayer, y esta parte nos habla de los síntomas que se dan de una codependencia emocional errónea vrs una amistad sana. Muchas veces nos preguntamos porque nos sentimos y actuamos con otros y nosotros mismos de ciertas maneras. Buena lectura.

Para diferenciar la normal interdependencia que se da en amistades plenas de la dependencia enfermiza, observemos las señales que ésta ha comenzado a formar. Es probable que se esté dando una dependencia emocional cuando alguno de los miembros:

Siente celos frecuentes, sentimientos posesivos y un deseo de exclusividad, viendo a las otras personas como una amenaza para la relación. Prefiere pasar tiempo a solas con su amigo/a y se frustra cuando esto no ocurre. Se enoja irracionalmente o se deprime cuando la otra persona se aleja un poco. Pierde interés por otras amistades. Experimenta sentimientos sexuales o románticos que llevan a fantasías con esta persona. Se preocupa por la apariencia del otro, por su personalidad, problemas e intereses. No tiene deseos de hacer planes a corto o largo plazo sin incluir a la otra persona. No puede ver las fallas del otro de manera realista. Brinda un afecto físico que va más allá de lo apropiado para una amistad. Muestra una intimidad y una familiaridad con este/a amigo/a que provoca que los demás se sientan incómodos o fuera de lugar en su presencia.

Hay diferencias muy significativas en una amistad sana. Esta es libre y generosa. Ambos amigos tienen deseos de incluir a otros en sus actividades y se alegran cuando alguno forma una buena amistad con otra persona. En una buena amistad, uno desea ver al otro ejercitar a pleno su potencial, desarrollando nuevos intereses y capacidades. En las relaciones sanas, somos afectados por las cosas que nuestros amigos dicen y hacen, pero nuestras reacciones son equilibradas.

En cambio, una relación dependiente es egocéntrica, creando un estancamiento mutuo y limitando el crecimiento personal. Un comentario casual de nuestro/a amigo/a puede llevarnos hasta el éxtasis o el dolor más profundo. Cuando un amigo cercano se muda, es normal que uno sienta pena y una sensación de pérdida, pero si uno de los miembros de una relación dependiente se muda, la otra persona se llena de angustia, pánico y desesperación. Mientras que una relación sana es alegre y edificante, la dependencia emocional produce ataduras.

Factores que contribuyen a la dependencia: La dependencia emocional toma por sorpresa a la mayoría de la gente. Como Mary y Sarah en la historia del comienzo, la mayoría no ve el problema hasta que se ha apoderado de uno. De todos modos, las dependencias no ocurren en el vacío. Factores de nuestra personalidad y situaciones en nuestra vida pueden hacernos propensos a estas relaciones. Pecados y heridas del pasado también nos hacen vulnerables. Ser consciente de estos factores nos ayuda a saber cuándo tener especial cuidado en nuestras relaciones.

¿Quién es susceptible? Cualquiera puede caer en una relación dependiente si se dan las presiones y circunstancias apropiadas. Aquellos que provienen de familias problemáticas donde hubo alcoholismo o abusos, por ejemplo, son especialmente vulnerables. De todos modos, hay algunos patrones comunes de personalidad que constantemente gravitan entre sí para formar dependencias.

La combinación básica parece ser la del individuo que aparenta “tenerlo todo” unido a uno que necesita la atención, protección y fortaleza que el otro ofrece. Variaciones en este aspecto incluyen: Relaciones de consejero – aconsejado, una persona que lleva el control y otra que necesita dirección. Otro caso es el de la relación maestro – alumno. Cabe destacar que las relaciones dependientes pueden darse tanto en amistades del mismo sexo como de sexos opuestos. Pese a que estas parejas aparentan incluír a una persona de carácter fuerte y a otra en necesidad, en realidad ambas personas se hallan en esta condición. La persona “fuerte” posee usualmente una profunda necesidad de ser necesitada por otro. Y en varias ocasiones la persona que parece ser más débil lleva el control de la relación. Esto se ve claramente en las relaciones entre un alcohólico y quien intenta ayudarlo, donde este termina siendo controlado por los cambios abruptos de humor y por el comportamiento abusivo de aquel. (Beattie, Melody. Codependant no more San Francisco, California, Harper & Row, 1987. p. 61-68).

¿Cuándo somos más vulnerables? En ciertas épocas de nuestra vida nos encontramos inseguros y prontos a aferrarnos a cualquier cosa que nos brinde seguridad. Por ejemplo, somos vulnerables durante circunstancias de crisis tales como rupturas, la muerte de alguien allegado o la pérdida de un trabajo. Períodos de transición como amoldarse a un nuevo trabajo, mudarse, comprometerse o estar recién casado, comenzar la universidad o hacerse cristiano también contribuyen a nuestra susceptibilidad. Momentos de mucha presión, tales como semanas de exámenes finales o fechas topes en el trabajo; estando uno o algún miembro de la familia enfermo, fechas como Navidad; estos también pueden ser tiempos de vulnerabilidad. También nos podemos encontrar abiertos a este tipo de relaciones cuando estamos lejos de las rutinas familiares como puede ser durante las vacaciones, en un campamento o una conferencia, en prisión, durante el servicio militar o en el campo misionero. Finalmente, somos también vulnerables en tiempos de aburrimiento o depresión.

La mejor manera de evitar problemas es reconocer nuestra necesidad de ser apoyados durante estos tiempos de estrés  y procurar satisfacer esta necesidad de manera sana. Podemos compartir nuestras cargas con un grupo de oración, concertar una serie de entrevistas con un consejero o un pastor, pasar más tiempo con miembros de nuestra familia y, sobre todo, cultivar nuestra relación con Jesús mediante la oración y el estudio bíblico. También es bueno hacer saber a nuestros amigos que necesitamos de su apoyo. Los problemas sólo se desarrollan cuando nos apoyamos en una sola persona que supla todas nuestras necesidades.

¿Por qué somos propensos a la dependencia? En una relación dependiente, uno o ambos miembros buscan que una persona satisfaga sus necesidades básicas de amor y seguridad en lugar de Cristo. A menos que los problemas espirituales y emocionales subyacentes sean resueltos, este patrón no se rompe. Por ejemplo, puede haber codicia en nuestras vidas que haga que deseemos poseer a alguien que Dios no nos ha dado. Otro factor es la idolatría, que se produce cuando alguien o algo que no sea Dios, se convierte en el centro de nuestras vidas. Podemos también encontrarnos en un estado de rebeldía, y rehusarnos a rendir a Dios ciertas áreas de nuestra vida. Y puede que nos falte confianza en que Dios suplirá nuestras necesidades si hacemos las cosas a su modo. Heridas del pasado pueden habernos dejado con una muy baja estima de nosotros mismos, con sentimientos de rechazo y una profunda necesidad de amor sin resolver. Al albergar amargura o resentimiento hacia aquellos que nos han herido, quedamos vulnerables a relaciones erróneas. Es necesario expresarle a Dios este dolor y desorden interno. A través de la confesión y la oración, tanto en nuestros devocionales privados como con otros miembros del cuerpo de Cristo se puede lograr una sanidad interior.

La manipulación: Manipulación es una palabra poco agradable. A ninguno de nosotros nos gustaría creer que podríamos ser culpables de esto. Sin embargo, cuando se forman relaciones emocionalmente dependientes, la manipulación se convierte en el pegamento que mantiene unidos a los miembros. Mi definición de esta palabra es: Intentar controlar personas o circunstancias a través de medios engañosos o indirectos. La manipulación se describe usualmente como el ser “malicioso”, palabra que el diccionario Webster New World Dictionary define como: operar de manera lenta o poco evidente, más peligrosamentre de lo que aparenta.

Hay muchos modos de manipulación, estos son algunos de los que he visto usar para comenzar y mantener relaciones dependientes:

Finanzas: combinar finanzas y posesiones personales tales como propiedades y muebles o mudarse juntos. Regalos: hacer regalos y obsequiar tarjetas regularmente sin que haya ninguna ocasión especial. Vestimenta: usar uno la ropa del otro y copiarse el estilo de vestir. Romanticismo: utilizar poesías, música u otros elementos románticos para provocar una respuesta emocional. Afecto físico: lenguaje corporal, abrazos frecuentes, tacto, masajes en la espalda o el cuello, hacer cosquillas o luchar. Miradas: mirar fijamente al otro, miradas seductivas o con significado, y no mirar a la otra persona a modo de castigo. Halagos y cumplidos: decir cosas como: “Eres la única persona que me comprende” o “No sé qué haría sin ti”. Palabras y frases: provocar, flirtear, usar ciertos sobrenombres, hacer referencia a cosas que poseen un significado especial para ambos y usar palabras, frases y un lenguaje que sólo los dos comprenden. Falta de honestidad: reprimir sentimientos negativos u opiniones diferentes. Necesitar “ayuda”: crear o exagerar problemas para conseguir atención y simpatía. Culpa: hacer sentir culpable al otro cuando no satisface las expectativas de uno diciendo cosas tales como: “Si me quieres, entonces…”, o “Estuve a punto de llamarte anoche, pero sé que estás muy ocupado como para molestarte”. Amenazas: las amenazas de suicidio pueden ser herramientas de manipulación (pese a que todas las amenazas de suicidio deben ser tratadas seriamente). Poner mala cara o cara de tristeza, silencios fríos: cuando alguien le pregunta “¡Qué sucede?”, Una persona dependiente puede responder suspirando “Nada”. Relaciones absorbentes: convencer al otro de que no es importante para sus amigos; relacionarse con los amigos del otro para controlar la situación. Provocar inseguridad: retener la aprobación, resaltar los puntos débiles del otro, y amenazar con terminar la relación. Tiempo: ocupar el tiempo de la otra persona para no tener actividades separados.

Es importante recordar que muchas de estas actitudes no son pecaminosas en sí mismas. Los cumplidos honestos, alentar al otro, hacer regalos especiales y el contacto físico y los abrazos son elementos importantes en una relación sana. Gestos románticos y una cierta clase de exclusividad son completamente apropiados en un matrimonio o en una pareja comprometida, y a veces incluso en un noviazgo serio.

Pese a que la dependencia emocional puede darse también dentro del matrimonio, y que puede que requiera de consejería, el poco espacio disponible no me permite tratar este tema en profundidad.

Cuando observamos esta lista, necesitamos de la iluminación del Espíritu Santo al examinar nuestros corazones. Sólo cuando estos comportamientos son usados con fines egoístas (para atar y controlar a otro y para provocar respuestas que llevan al pecado) se convierten en manipulación.

¿Por qué las dependencias son tan difíciles de romper?

[Continua en el post de mañana]

* Lori Thorkelson Rentzel es una escritora y redactora en San Rafael, California. Fue miembro del equipo de Love in Action, International, un ministerio de ayuda a aquellos cristianos que desean salir de la homosexualidad y de otros conflictos de identidad sexual. Ha dado talleres y seminarios sobre dependencia emocional y otros aspectos de las relaciones cristianas.

**Fuente y traducción por: Exodus Latinoamerica

*** Mira la primera nota, o bien la siguiente

Versículo para meditar:

Basado en el privilegio y la autoridad que Dios me ha dado, le advierto a cada uno de ustedes lo siguiente: ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado.

No finjan amar a los demás; ámenlos de verdad. Aborrezcan lo malo. Aférrense a lo bueno. Ámense unos a otros con un afecto genuino y deléitense al honrarse mutuamente.

Romanos 12: 8-10

No te inclines ante ellos ni les rindas culto, porque yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso, quien no tolerará que entregues tu corazón a otros dioses.

Deuteronomio 5: 9


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