¿Dónde está el evangelio? – por Eivert Caridad

“Pero aun si nuestro evangelio está encubierto, entre los que se pierden está encubierto. Pues el dios de esta edad presente ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no les ilumine el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, quien es la imagen de Dios.”

2 Corintios 4: 3, 4.

¿Dónde está El Evangelio? Esta es la pregunta que tiene alarmados a millones de creyentes que saben que la predicación de hoy en día está muy alejada del mensaje original. Y es que cuando vamos a la Biblia y leemos el fundamento de los verdaderos Apóstoles, inmediatamente nos damos cuenta que el mensaje en nada se parece al que se predica en la actualidad  en muchas iglesias.

Creo que el problema radica en que nosotros creemos que el “Evangelio” es un producto llamativo para el ser humano. Considero que es todo lo contrario. El mensaje de Cristo no es para nada llamativo y atractivo, a pesar de que éste lleva implícito un sin fin de promesas y bendiciones para todo aquel que lo reciba.  Claro, la cosa no es nada fácil, pues aceptar el mensaje no se trata de repetir una frase religiosa pre-concebida, sino más bien, una entrega total, el desprendimiento de la voluntad y el sometimiento a un nuevo dueño y Señor. Es ahí donde comienzan los problemas.

 

Cristianismo a la carta 

Hoy en día muchas iglesias tratan de presentar un producto seductor a las personas. Miles de pastores poco a poco fueron convirtiendo la congregación en una especie de centro comercial, y en ese sentido, el mensaje predicado desde el púlpito cambió considerablemente.

Al principio, se usaron eufemismos para abrillantar el mensaje. Después, algunos hombres de negocios vieron que la iglesia era un lugar muy fértil para crear adeptos, así que  implementaron un sistema de predicación donde el centro de atención es el hombre (cliente) y no Cristo. Es ahí donde comienzan a aparecer  frases psudoespirituales como: “Usted nació para ser un héroe”, “despierta el campeón que hay en ti”, “Eres lo mejor”, “Dios cree en ti”, etc, etc. Este mensaje fue bien recibido y como por arte de magia (no por la ayuda del Espíritu Santo) algunas iglesias que implementaron ese sistema de predicación comenzaron a multiplicar su membresía de manera descomunal, dando a luz lo que se conoce con el nombre de MEGAIGLESIAS. La pregunta es ¿Aceptaron esas personas el verdadero mensaje del Evangelio o fueron engañadas con un mensaje blandengue y sin sustancia?

Este tipo de estrategias consiste en colocar un pastor atractivo (si es famoso y joven  mejor), predicar un mensaje corto (no puede ser largo porque la gente se aburre y se va), no se puede hablar de temas que incomoden (como el pecado, la santidad, etc.).

Los temas predilectos de dichas congregaciones son:

-La autoestima (Despierta el campeón que hay en ti)

-El pensamiento positivo (Cree y recíbelo)

-La Prosperidad (Dios quiere que seas rico)

-Los pactos (Dale a Dios y Él te da)

Sólo coloqué cuatro mensajes, pero en realidad son muchos más, ¿y saben qué? por ningún lado se ve el mensaje verdadero del evangelio.

 

Cruzadas de sanidad 

Las llamadas “cruzadas de sanidad” dieron su toque mágico. No me mal interpreten, yo creo que Jesús sana, pero no estoy de acuerdo que el tema de la sanidad divina sea el centro de atención, y mucho menos que se utilice algo tan sensible como la salud para hacer mercadería cristiana. La sanidad divina no es el mensaje central del evangelio. Miles de personas se acercan a uno de estos eventos comandados por el predicador de moda, persuadidos por toda una maquinaria publicitaria que les indica que: ¡HOY PUEDES BUSCAR TU MILAGRO! Muchos se acercan de buena fe, otros no; lo cierto es que por la misericordia de Dios muchos se sanan, una gran mayoría cree que se sanó, y otros llegan a la conclusión que no pasó nada. En esos eventos ocurren dos cosas que son el común denominador:

1. Se enfatiza más en la necesidad de SER SANO que en ser SALVO

2. Se habla más del predicador (ungido, sanador, etc.) que de CRISTO

La sanidad divina no es el mensaje. Muchos sanos se van al infierno si no reciben a Cristo.

 

Las maratónicas  

Existe un canal de televisión cristiano que ha bendecido la vida de muchas personas, sin embargo, en los últimos años he venido sintiendo descontento con la forma en que utilizan el medio de comunicación. Todo el mundo sabe que estoy hablando de las maratónicas de ENLACE. En ese evento, se invitan a la “crema y nata” de los predicadores más cotizados en América Latina para tratar de que todos nosotros demos una ofrenda de pacto con Dios para que así podamos recibir lo que tanto anhelamos. Considero que en dichos programas se caen en los siguientes errores:

-Invitar al ser humano a que haga pacto con Dios (Todos  los pactos que están en la Biblia en relación a Dios y el hombre, provienen de parte de Dios. Es Dios quien propone el pacto y no el hombre)

 

-El mensaje es claro: Dale dinero a Dios y él te va a dar a ti (¿Necesita Dios un estímulo monetario para hacer sanidad? ¡Muéstramelo por la Biblia!

 

-Pacta y tu familia será salva (¿Será salva nuestra familia si pactamos económicamente con Dios? ¡Muéstramelo por la Biblia!)

 

Hay otro error que me llama poderosamente la atención, y es la manipulación al mejor estilo de un vendedor de HERBALIFE. Muchas veces he escuchado de parte del tele predicador, que los “próximos 200 que pacten” entraran a una lista para orar, garantizando la respuesta de Dios .Ellos dicen: “¡Pacta, pacta!, todavía queda tiempo para que entres a la lista y el hermano Fulano de Tal orará por ti”. ¿Saben cómo se llama eso? MANIPULACIÓN.

El pacto con Dios TAMPOCO ES EL MENSAJE DEL EVANGELIO.

 

¿Cual es el mensaje?

Estoy seguro que si las personas que entraron a la fe como parte de una rutina vacía de ir y venir a la iglesia sin ningún compromiso, como resultado de una predicación suave y diluida, y engañados con falsa publicidad cristiana, ESCUCHAN el verdadero MENSAJE, lo más seguro es que se vayan de la iglesia.

Imagínate que Cristo llega a una de esas iglesias modernas, con buena iluminación, full de personas que esperan a su “lindo” pastor predicar sobre 4 pasos para ser rico, y de pronto el Hijo de Dios toma el micrófono y comienza a enseñar algo que explicó hace 2000 mil años.

Veamos el pasaje en Lucas 9:57-62, titulado: Lo que cuesta seguir a Jesús

“Mientras caminaban, alguien le dijo a Jesús: —Te seguiré a cualquier lugar que vayas. Jesús le respondió: —Los zorros tienen cuevas donde vivir y los pájaros tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene ni siquiera un lugar donde recostar la cabeza. Dijo a otro: —Ven, sígueme. El hombre aceptó, pero le dijo: —Señor, deja que primero regrese a casa y entierre a mi padre. Jesús le dijo: — ¡Deja que los muertos espirituales entierren a sus propios muertos!  Tu deber es ir y predicar acerca del reino de Dios. Otro dijo: —Sí, Señor, te seguiré, pero primero deja que me despida de mi familia. Jesús le dijo: —El que pone la mano en el arado y luego mira atrás no es apto para el reino de Dios”

 

Analicemos las tres preguntas de Jesús. Al primer hombre Jesús trató de explicarle que sus seguidores no tienen garantía de que sus necesidades básicas de refugio estarán cubiertas. Al segundo hombre intentó explicarle que hay cosas más importantes que enterrar a su padre (waoo, que radical era Cristo). Y al tercer hombre le dijo: Yo soy más importante que tu familia.

Ah, pero eso no es todo. Cristo invita a los presentes a que regresen el próximo domingo para escuchar otro mensaje basado en Mateo 10:34-39.

Jesús dijo: “¡No crean que vine a traer paz a la tierra! No vine a traer paz, sino espada. “He venido a poner a un hombre contra su padre, a una hija contra su madre y a una nuera contra su suegra. ¡Sus enemigos estarán dentro de su propia casa!” »Si amas a tu padre o a tu madre más que a mí, no eres digno de ser mío; si amas a tu hijo o a tu hija más que a mí, no eres digno de ser mío. Si te niegas a tomar tu cruz y a seguirme, no eres digno de ser mío. Si te aferras a tu vida, la perderás; pero, si entregas tu vida por mí, la salvarás.

 

¿Saben que pasaría el domingo siguiente? La gran mayoría no regresaría más a la iglesia. ¿Por qué? Porque no estaban acostumbrados a escuchar el verdadero mensaje de Cristo, sino puras idioteces superficiales.

Lo cierto es que hoy en día mucha gente va a la iglesia, pero no todos los que van  son salvos ni han tenido un encuentro personal con Cristo. A muchos les enseñaron que el cristianismo era algo divertido, fácil, buena onda. Como quisiera yo que fuera así, pero la Biblia no dice nada sobre esa realidad. El evangelio es negarse a sí mismo, tomar la cruz, perder todo por amor a Cristo, resistir pruebas, aguantar burlas, incluso por parte de la misma familia. El evangelio no consiste en pasos y estrategias de hombre; el evangelio es morir al yo, es aceptar lo bueno y también lo malo de parte de Dios. Es renunciar a tus sueños por abrazar los sueños de Dios para tu vida (que seguro es mejor). El evangelio es algo poderoso, pero sólo aquellos que estén dispuestos a tomar la cruz son dignos de ser llamados Hijos de Dios.

El Evangelio es la buena noticia de que Cristo resucitó y que todo aquel que viene a él tendrá vida eterna. Esa entrega significa muerte, es decir, morir a mis deseos y aceptar su voluntad.

Finalizo con las palabras de un hombre que lo perdió todo por amor a Cristo:

¿Son siervos de Cristo? Sé que sueno como un loco, ¡pero yo lo he servido mucho más! He trabajado con más esfuerzo, me han encarcelado más seguido, fui azotado innumerables veces y enfrenté la muerte en repetidas ocasiones. En cinco ocasiones distintas, los líderes judíos me dieron treinta y nueve latigazos. Tres veces me azotaron con varas. Una vez fui apedreado. Tres veces sufrí naufragios. Una vez pasé toda una noche y el día siguiente a la deriva en el mar. He estado en muchos viajes muy largos. Enfrenté peligros de ríos y de ladrones. Enfrenté peligros de parte de mi propio pueblo, los judíos, y también de los gentiles.  Enfrenté peligros en ciudades, en desiertos y en mares. Y enfrenté peligros de hombres que afirman ser creyentes, pero no lo son. He trabajado con esfuerzo y por largas horas y soporté muchas noches sin dormir. He tenido hambre y sed, y a menudo me he quedado sin nada que comer. He temblado de frío, sin tener ropa suficiente para mantenerme abrigado…Si debo jactarme, preferiría jactarme de las cosas que muestran lo débil que soy. Dios, el Padre de nuestro Señor Jesús, quien es digno de eterna alabanza, sabe que no miento.

2 Corintios 11: 23

via @Eivert


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